Dentro de una ciudad, existen múltiples preocupaciones cuando se trata de vivienda: la ubicación, las distancias en relación con los servicios básicos, la movilidad, el acceso a la iluminación natural, las vistas y el nivel de ruido. Son puntos importantes —sobre todo en áreas densas—, pero que normalmente corresponden a departamentos en edificios en altura. Cuando se trata de una casa, parte de esta lista se da por "resuelta" simplemente por el programa. Se sobrentiende que una vivienda unifamiliar está más alejada de los centros concurridos (lo que presupone mayores desplazamientos para acceder a servicios), que la iluminación natural es abundante dependiendo de la relación entre la superficie construida y el terreno, y que el ruido disminuye, ya que, por lo general, las zonas residenciales no se insertan en contextos urbanos agitados.
Desde que existe la arquitectura, existe la vivienda. La residencia es uno de los programas primordiales de la profesión y puede explorarse de múltiples maneras. Desde un programa subordinado a otros —como un claustro religioso— hasta el esplendor de la casa unifamiliar. Luis Fernández-Galiano se declara dividido entre el “desperdicio” de superficie de baja densidad propio de esta tipología y sus seductores encantos formales. De manera lúcida, evoca el contexto urbano actual y sostiene que la vivienda colectiva de alta densidad —los departamentos— tiene más sentido en la ciudad.
Los espacios desocupados dentro de la ciudad normalmente se consideran situaciones que oscilan entre el problema y el potencial. Corresponde en parte a la arquitectura y al urbanismo movilizar estos espacios de manera cualificada en el contexto urbano. Con estas premisas en mente, el estudio Vazio S/A propone la activación de espacios considerados residuales en el paisaje urbano o en contextos particulares, apoyándose en la potencia que ofrecen los espacios vacíos.
Ópera de París, de Charles Garnier. Foto de Francesco Zivoli, vía Unsplash
Existen estilos arquitectónicos poco valorados a lo largo de la historia. Por lo general, el apogeo de un movimiento marca el ocaso de otro. Con el paso del tiempo, es posible que la situación se revierta, como en el caso del posmodernismo, que divide opiniones desde su surgimiento, pero que experimentó un revival en las primeras décadas de los años 2000 (o tal vez no). La distancia temporal contribuye a revisar la relevancia de ciertos estilos y a evaluar sus cualidades —o problemas—.
Un espejismo puede referirse a un fenómeno óptico provocado por la refracción de la luz en ciertas superficies —en general, la propagación de la luz produce el efecto de licuar la superficie—, o puede tener el sentido de ilusión, algo que aparenta ser lo que no es. Paul Clemence se aprovecha de esta dualidad en su ensayo fotográfico Espejismo moderno, en el cual retrata la Casa do Baile (actual Centro de Referencia de Arquitectura, Urbanismo y Diseño), el Museo de Arte y la Iglesia de la Pampulha a través de sus reflejos en el espejo de agua del conjunto moderno diseñado por Oscar Niemeyer en Belo Horizonte (MG).
La arquitectura puede definirse de diversas maneras, desde las más técnicas hasta las más poéticas, valiéndose de innumerables aspectos diferentes dentro de su contexto: espacio, programa, tectónica y gesto. Este último hace referencia al trazo, al diseño, al proyecto. Tal vez el croquis rápido que viene a la mente al hablar de "gesto" es el del refugio: un corte o elevación, a escala humana, de cerramientos verticales y cubierta.
La vivienda siempre ha sido un tema central en las metrópolis. Esto se debe tanto a la necesidad de albergar a la población urbana como al impacto que la vivienda puede tener en otros aspectos de la ciudad, tales como los desplazamientos necesarios para cumplir con la rutina diaria, por ejemplo, la distancia entre el hogar y el lugar de trabajo o estudio.
La densificación urbana suele ser una premisa ampliamente aceptada en el campo del urbanismo y, en la realidad contemporánea, la ecuación densificación-vivienda se resuelve con superficies más compactas en edificios en altura. Los departamentos resultantes pueden reducirse casi al mínimo de sus funciones, lo que en Brasil se conoce comúnmente como quitinete. Como toda tipología, esta minivivienda tiene sus pros y sus contras, y puede ser vista como un ejemplo de practicidad o como una representación de la precarización habitacional.
A lo largo de la historia de la ciudad, las edificaciones experimentan cambios de uso y de programa. No podría ser de otra manera, ya que cada época posee sus propios desafíos y necesidades específicas. El tipo de vivienda, la densidad demográfica en ciertas regiones y los nuevos comercios y servicios alteran la configuración de la ciudad, sin que las construcciones acompañen estas transformaciones a la misma velocidad. En consecuencia, la reconversión —o rehabilitación— de las edificaciones no solo tiene sentido, sino que resulta necesaria.
Ante las urgencias climáticas del planeta, diversos sectores se ven presionados a reformular su funcionamiento y sus prácticas, y la arquitectura no queda al margen. Después de todo, el entorno construido y la industria de la construcción son responsables de un porcentaje considerable de las emisiones de carbono en la atmósfera. Repensar y reestructurar la cadena constructiva —desde el diseño hasta la ejecución— es la orden del día para los/las profesionales de la construcción.
La arquitectura, por lo general, se entiende como una construcción positiva, es decir: tectónica, volumen, objeto en el mundo. Y, en efecto, lo es. Sin embargo, si alteramos la perspectiva del observador —de la vista aérea y lejana a la interna, de quien ocupa ese volumen—, la noción de objeto en el mundo se convierte en "mundo" para quien lo habita. Asimismo, también puede convertirse en marco: aquello que recorta o dirige la mirada. De hecho, la vista es un factor de valorización arquitectónica, ya que destaca un determinado ángulo del exterior e invita a quien lo habita a la contemplación. Los proyectos de TETRO Arquitetura ponen de manifiesto esta alternancia entre forma y encuadre.
El mago de Oz (dir. Victor Fleming, dirección de fotografía Harold Rosson, 1939). Captura de pantalla
Es sabido que los colores evocan sentimientos específicos, por lo que se utilizan para transmitir o causar un determinado efecto en la superfície en la que se aplican, o en quien los contempla. En la arquitectura, el color desempeña un papel fundamental en la definición de la forma. Los materiales en su estado natural ya poseen una coloración propia, que se percibe de cierta manera. Sin embargo, al ser teñidos de algún modo, la percepción de quien observa se altera, lo que genera asociaciones con sensaciones diferentes frente a un mismo objeto. Esta transformación de la sensación debido al color ocurre en cualquier medio visual, desde los tridimensionales (como la arquitectura) hasta los bidimensionales estáticos y en movimiento: grabados, fotografías, pinturas y películas.
La madera en la construcción contemporánea suele asociarse con la calidez, la sencillez y, en cierto modo, la nobleza. A fin de cuentas, es un material que requiere un mantenimiento más frecuente que el concreto, por ejemplo. Al mismo tiempo, se perfila como una posible alternativa constructiva dentro del pensamiento del diseño regenerativo, precisamente por formar parte de un ciclo orgánico natural del planeta. No faltan referentes arquitectónicos en el uso de la madera, sin embargo, la madera carbonizada (o yakisugi) ha ganado atención y protagonismo entre las opciones de acabado.
El confort ambiental es uno de los aspectos que contribuye al buen desempeño de la arquitectura. En las memorias descriptivas de proyecto, con frecuencia la incidencia de iluminación y ventilación naturales se señalan como características ventajosas que aportan a la estética y al funcionamiento del programa. En cierto modo, el confort ambiental es parte de la función del edificio; no está necesariamente ligado a la actividad que ocurre en el interior de la construcción, pero definitivamente influye en el desarrollo de esta.
En medio de la inmensa variedad de soluciones constructivas, todas presentan ventajas y desventajas, beneficios y limitaciones. Ya sea por motivos económicos, de plazos, disponibilidad de material o rendimiento espacial, cada tipo de material responde de una manera al proyecto y le confiere un determinado aspecto visual y ambiental. En general, una construcción requiere la combinación de más de un sistema constructivo, lo que permite compensar alguna “deficiencia” de un material con el rendimiento de otro. Los paneles de yeso, o drywall, se encuentran en este umbral entre el rechazo y la preferencia.
Diseño del sistema de ventilación del Hospital Sarah / João Filgueiras Lima (Lelé). Imagen vía Betoneira
Es de conocimiento (y afirmación) general que la arquitectura es un campo transdisciplinar. Se vale de preceptos y saberes de otras disciplinas para que el objeto construido funcione de la manera deseada. Esto presupone, obviamente, el locus: su sitio de implantación, el entorno y todos los elementos que lo componen –otras construcciones, especies animales y vegetales, el clima, etc. Se puede decir que la arquitectura solo existe dentro de un contexto y que, al ampliar la escala de dicho contexto, este puede denominarse medio ambiente.
Las intersecciones entre arte y arquitectura son muchas: el disfrute estético, la composición de elementos formales, la relación con el lugar, la abstracción, entre muchas otras. Las posibles combinaciones entre aspectos de estos dos campos del conocimiento hacen que cada oficina de arquitectura (o artista) se destaque en su práctica y lenguaje. Diogo Aguiar Studio es una de las oficinas de arquitectura que explora estos cruces entre arte y arquitectura, desdibujando los límites que separan un campo del otro.
Esta labor entre arquitectura y arte nutre y moviliza cada proyecto, dando como resultado un trabajo que no solo busca responder a las necesidades funcionales, sino que también explora nuevas fronteras en lo que respecta a la investigación espacial. Destaca especialmente la investigación material y sensorial de espacios arquitectónicos y artísticos inmersivos.
Cualquier historiografía de la arquitectura es sesgada e incompleta por definición: sesgada porque demuestra la interpretación y curaduría de los ejemplares de quien la escribe, e incompleta porque, en esa selección, los casos divergentes terminan quedando fuera de la línea de tiempo "oficial". Sin embargo, la posibilidad de rastrear formas, su aplicación y repetición a lo largo de períodos históricos separados por siglos es siempre un buen indicio de una genealogía, un linaje que sitúa ejemplares y amplía el repertorio.
Una historiografía de la arquitectura puede vincular elementos de siglos pasados y movimientos entendidos como "superados" con formas y aplicaciones contemporáneas, creando un campo de relaciones del cual se puede obtener un provecho conceptual y proyectual. Al categorizar algunos estilos, se destacan características distintivas que, postuladas en las fuentes bibliográficas, a veces se equiparan con casos actuales. Es lo que se puede decir del rococó, por más lejana que parezca la relación.
Todo proyecto tiene como precedente un programa de necesidades. En algunas tipologías, ciertas actividades están naturalmente vinculadas a ellos. Una sala de reuniones en una oficina corporativa, una colección en un museo, dormitorios en una residencia. Esta última tipología cuenta con un programa de necesidades básico bastante definido: habitaciones, sala de estar, baños, cocina. El tamaño y la disposición de estos elementos en el espacio dependen de diversos factores, pero no se concibe una casa sin alguno de ellos.