
Cualquier historiografía de la arquitectura es sesgada e incompleta por definición: sesgada porque demuestra la interpretación y curaduría de los ejemplares de quien la escribe, e incompleta porque, en esa selección, los casos divergentes terminan quedando fuera de la línea de tiempo "oficial". Sin embargo, la posibilidad de rastrear formas, su aplicación y repetición a lo largo de períodos históricos separados por siglos es siempre un buen indicio de una genealogía, un linaje que sitúa ejemplares y amplía el repertorio.
Una historiografía de la arquitectura puede vincular elementos de siglos pasados y movimientos entendidos como "superados" con formas y aplicaciones contemporáneas, creando un campo de relaciones del cual se puede obtener un provecho conceptual y proyectual. Al categorizar algunos estilos, se destacan características distintivas que, postuladas en las fuentes bibliográficas, a veces se equiparan con casos actuales. Es lo que se puede decir del rococó, por más lejana que parezca la relación.










