
Históricamente, diversas ciudades del mundo se asentaron y construyeron sobre laderas, en las cuales se pueden notar los innumerables desafíos urbanos que enfrentan a causa de sus condiciones topográficas. No obstante, más allá de los asuntos relacionados con sus infraestructuras urbanas o sus sistemas de transporte —que pueden volverse más complejos debido a la geografía local—, la ocupación urbana de las laderas también suele involucrar diversas intersecciones de cuestiones sociales, ambientales y económicas.
A menudo, estas ocupaciones son realizadas por comunidades vulnerables y de bajos ingresos, impulsadas por una serie de motivaciones. Con frecuencia, la falta de información sobre ciertos peligros, sumada a la escasez de políticas habitacionales adecuadas, da lugar a decisiones y acciones que colocan a estas comunidades en situaciones de alto riesgo, especialmente durante la temporada de lluvias, lo que genera un ciclo que afecta de manera desproporcionada a las personas residentes más marginadas.































