Proyecto del Parque Bixiga creado por activistas — Foto: Cortesía
La ciudad de São Paulo, marcada por su inmensidad y diversidad cultural, a veces también es escenario de numerosos conflictos relacionados con la ocupación de su espacio urbano. Una historia que se extendió por más de cuatro décadas, la disputa por el terreno contiguo al Teatro Oficina, diseñado por Lina Bo Bardi en la zona del Bixiga, finalmente culminó con la creación de un tan esperado equipamiento público: el Parque del Río Bixiga. Este proceso no solo representa una victoria para la comunidad local y artística, sino también un logro notable desde la perspectiva del derecho a la ciudad y de la recreación paulistana, especialmente tras años de confrontación con el Grupo Silvio Santos.
En Brasil, las fiestas populares suelen tener una profunda relación espacial, histórica y simbólica con los espacios públicos de las ciudades, lo que propicia una experiencia única de ocupación, apropiación y reelaboración colectiva de estos lugares durante su celebración. Estos acontecimientos no solo utilizan los espacios urbanos de maneras distintas a las de su vida cotidiana, sino que también constituyen el paisaje cultural y social de las ciudades, abriendo otros modos y posibilidades de aprehender el entorno urbano. Al apropiarse de las calles, en toda la extensión de sus posibilidades y en su sentido más amplio, les otorgan otros usos que, a menudo, transgreden sus actividades habituales.
Multifacético y complejo, o panorama de la arquitectura y el urbanismo en América Latina revela matices y desafíos específicos frente a las problemáticas que enfrentan los diversos países, como la desigualdad social, la violencia y o acelerado crecimiento urbano. En este contexto, la práctica arquitectônica asume un papel relevante en la construcción de soluciones posibles y adecuadas a cada realidad, donde se destaca la importancia de reafirmar las referencias y narrativas locales en dicha elaboración.
Frente a la hegemonía establecida especialmente por América del Norte y Europa, que a menudo marginaliza los logros arquitectónicos y urbanísticos latinoamericanos —sobre todo aquella producción que ni siquiera es considerada como tal—, la valoración de esta diversidad y complejidad se vuelve un imperativo para cualquier reflexión e intervención en la región. A continuación, seleccionamos seis entrevistas que nos ayudan a comprender la arquitectura de América Latina y que contribuyen a un enfoque más contextualizado y sensible de sus necesidades, potencialidades y riquezas.
Históricamente, diversas ciudades del mundo se asentaron y construyeron sobre laderas, en las cuales se pueden notar los innumerables desafíos urbanos que enfrentan a causa de sus condiciones topográficas. No obstante, más allá de los asuntos relacionados con sus infraestructuras urbanas o sus sistemas de transporte —que pueden volverse más complejos debido a la geografía local—, la ocupación urbana de las laderas también suele involucrar diversas intersecciones de cuestiones sociales, ambientales y económicas.
A menudo, estas ocupaciones son realizadas por comunidades vulnerables y de bajos ingresos, impulsadas por una serie de motivaciones. Con frecuencia, la falta de información sobre ciertos peligros, sumada a la escasez de políticas habitacionales adecuadas, da lugar a decisiones y acciones que colocan a estas comunidades en situaciones de alto riesgo, especialmente durante la temporada de lluvias, lo que genera un ciclo que afecta de manera desproporcionada a las personas residentes más marginadas.
Iglesia de la Luz. Foto de hetgallery, vía Visualhunt.com
El uso de la luz en las construcciones religiosas, como elemento de asociación con lo divino, atraviesa la historia de la humanidad. Históricamente, diversos templos de las más variadas religiones han utilizado este recurso en un intento de acercar de forma visual y perceptible al ser humano a una dimensión sagrada e intangible. La luz suele estar dotada de una connotación espiritual y una fuerza simbólica significativa, capaz de modificar la relación, percepción y experiencia de las personas con los ambientes. De este modo, es un elemento que ha sido y sigue siendo utilizado por la arquitectura para crear escenarios y efectos en muchos espacios religiosos, especialmente en las iglesias.
La manzana es un elemento típicamente urbano que, históricamente, se ha presentado bajo diferentes formas y diseños, formando parte, de manera estructural, de las directrices de planificación de las ciudades. A partir de la observación de algunos tejidos urbanos de ciudades como Barcelona (España), París (Francia) y Copenhague (Dinamarca), es posible percibir la gran variación entre los modelos de manzanas en numerosos aspectos, los cuales definen sus propios paisajes y dinámicas. Alteraciones de estilo y formato, cambios volumétricos en la relación entre llenos y vacíos, y modificaciones en las conexiones de acceso con el entorno son algunos ejemplos de las particularidades tipológicas que las diferencian. Así, muchas veces, dentro de sus especificidades, las manzanas se constituyen como características emblemáticas y representativas no solo de determinados modelos de planificación urbana desarrollados a lo largo de la historia, sino también de las propias ciudades.
Ya sea con el paisaje y la naturaleza del entorno de un terreno, o con los deseos y necesidades de sus clientes, para el arquitecto paulista Gui Mattos, la elaboración de un proyecto arquitectónico es siempre un proceso de diálogos e intercambios, construido en conjunto con una serie de otros elementos. Graduado en 1986 de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de Santos (FAU Santos), lidera, desde 1987, el estudio de arquitectura que lleva su nombre y que hoy cuenta con un equipo de más de 40 personas.
Una mirada atenta a las fachadas de los edificios de muchas ciudades brasileñas como São Paulo, Belo Horizonte y Río de Janeiro, revela que el uso de carpinterías de aluminio es muy común y popular en Brasil. Adoptadas en las más diversas tipologías de edificios, como residenciales y comerciales, y en sus más variadas modalidades como puertas, ventanas y barandas, estas estructuras versátiles son ampliamente utilizadas por la construcción civil y representan cerca del 80% del volumen total de aluminio consumido por el sector en el país. Pero, al fin y al cabo, ¿por qué las carpinterías de aluminio han sido tan utilizadas en las ciudades brasileñas?
Los áticos son niveles situados en la parte superior de una casa, próximos a la cubierta. Debido a la pendiente de la techumbre, suelen tener una forma inclinada que puede limitar su espacio y convertirlos en ambientes poco utilizados. Sin embargo, a pesar de esta particularidade, los áticos pueden aprovecharse en un proyecto de diversas maneras y convertirse en espacios multifuncionales para sus habitantes.
Intervención urbana en los alrededores de la escuela Anne Frank, en Belo Horizonte. Foto: Rafael Tavares / Octopus Filmes
El urbanismo táctico es un tipo de intervención en el espacio urbano que ha venido ganando protagonismo y generando debates en diversos lugares en el último tiempo. Parte de la idea de que acciones civiles de bajo costo y a pequeña escala pueden tener un impacto significativo en el entorno urbano, mejorando sus dinámicas y la vida cotidiana de las personas. Sin embargo, lo que comenzó como una intervención puntual, temporal o de escala reducida, tras su aceptación y reconocimiento, terminó por superar sus pretensiones iniciales, transformándose en detonante de procesos urbanos más amplios, desencadenando nuevas actuaciones que involucran a otros actores, esferas e incluso al propio poder público.
Entre las muchas huellas dejadas por la arquitecta Lina Bo Bardi en la arquitectura brasileña se encuentra el uso del color rojo como un elemento destacado en sus obras. Ya sea aportando ligereza y vivacidad a la dureza del concreto paulistano del Sesc Pompeia o aportando calidez a la blancura del Solar do Unhão de Bahía, el rojo trascendió el estatus meramente visual y estético para convertirse en un rasgo distintivo de la arquitecta ítalo-brasileña, tejiendo conexiones entre muchas de sus obras.
Los colores son fundamentales para las dinámicas y la vida cotidiana urbana, pero su impacto va más allá de su apariencia y dimensión estética, sobre todo para las personas con algún tipo de discapacidad visual. Para este sector de la población, los colores desempeñan un papel aún más significativo, aunque a menudo subestimado, en la configuración y el mejoramiento de la accesibilidad de los espacios públicos. La arquitectura juega un rol importante en esta inclusión, lo que implica la elección consciente de colores que tengan el poder de mejorar la accesibilidad urbana y crear un entorno más inclusivo para personas con diversas capacidades.
Stockholm Wood City. Cortesía de Atrium Ljungberg | White Arkitekter
Ante los estudios que estiman que para 2050 casi el 70% de la población mundial será urbana, pensar en un desarrollo más sostenible y equilibrado de las ciudades se vuelve imperativo para las próximas décadas. Este debate pasa, invariablemente, por una elección más acertada de materiales de construcción que aporten mayores beneficios urbanos y ambientales. En este escenario, un material que está resurgiendo como una opción más sostenible para la infraestructura urbana es la madera, sobre todo cuando se alía con nuevos recursos tecnológicos, reintroduciéndose en los paisajes urbanos gracias a su versatilidad y a su capacidad de alinearse con las construcciones del mañana.
Ante un mundo cada vez más inmerso en las dinámicas de los agitados entornos urbanos y las tecnologías digitales, una mayor conexión con la naturaleza parece haberse vuelto fundamental para el bienestar físico y emocional de las personas, lo que incide, de manera directa y profunda, en los espacios donde habitan. Los debates y estudios sobre temas como la neuroarquitectura y la biofilia están cada vez más presentes y son más populares en el campo de la arquitectura y el diseño de interiores contemporáneos, lo que plantea reflexiones importantes para una elección más acertada y consciente de la serie de elementos de diseño que componen los entornos en los que pasamos más tiempo.
En este escenario, el uso de materiales como la madera, ya sea en entornos residenciales, comerciales o corporativos, ha demostrado efectos positivos en cómo sentimos y experimentamos los espacios a nuestro alrededor. Al evocar una conexión con el entorno natural, este material reconfigura la forma en que percibimos nuestros ámbitos de vida y trabajo, así como la manera en que nos afectan. Al incorporar elementos de madera en nuestros espacios, podemos crear lugares de mayor tranquilidad que nos permiten desconectarnos del estrés y el ajetreo de la vida urbana.
Si bien se genera una gran expectativa durante el desarrollo de un proyecto de arquitectura, el cual a menudo representa la materialización de un sueño profesional o de un nuevo hogar para una familia, y si, incluso a pesar de toda la planificación, pueden surgir innumerables imprevistos y dolores de cabeza durante las fases de ejecución, tras muchos presupuestos, cronogramas y retrasos, con la finalización de la obra y la ocupación del inmueble, suele parecer que el viaje, finalmente, ha llegado a su fin.
Sin embargo, incluso con los trabajos aparentemente concluidos y la sensación del deber cumplido, es probable que los/las arquitectos/as y clientes aún necesiten coordinar algunos puntos o solucionar algunas cuestiones que surjan en el camino. Ante este escenario, entonces, ¿cuáles son las responsabilidades del/de la arquitecto/a tras la ocupación del inmueble por parte de los/las propietarios/as?
¿Alguna vez se ha detenido a reflexionar sobre cómo se ve, se siente y se disfruta el espacio desde una altura de 95 cm? Pensar en un diseño urbano que incorpore la escala de la infancia es fundamental para crear ciudades más inclusivas, saludables y seguras, ya que los componentes diseñados para acoger estas necesidades tienden a atender mejor a todas las personas que los utilizan, desde personas adultas hasta personas mayores o con discapacidad. Uno de los elementos urbanos fundamentales para esta discusión, y para la reflexión de los/las planificadores/as, son las manzanas: espacios que albergan diversas posibilidades de uso y apropiación en las ciudades, y que pueden modificarse y pensarse de múltiples maneras, lo que incluye estrategias para adaptarlas mejor al universo infantil.
Con un portafolio de proyectos diversos y sumamente característicos, sobre todo en lo que respecta a sus representaciones, la oficina de arquitectura fala se destaca por un proceso creativo audaz, refinado y dinámico. Fundada en 2013 por los/las arquitectos/as Filipe Magalhães, Ana Luisa Soares y Ahmed Belkhodja, fala tiene su sede en la ciudad de Porto, Portugal, y suele trabajar en diferentes escalas: "desde territorios hasta casas de pájaros".
Pasillos silenciosos e interminables, salas blancas y frías, una atmósfera impersonal y distante: esta es una imagen fuertemente arraigada en nuestra concepción cultural de los entornos hospitalarios. La blancura de estos espacios, que intenta reforzar una idea de esterilidad y limpieza tan necesarias, también puede generar una sensación de malestar y ansiedad en los pacientes y sus familias.
La importancia de la humanización en el diseño de hospitales, clínicas y consultorios es un tema cada vez más debatido y relevante en el ámbito de la salud, y va mucho más allá de la estética de estos edificios. Esta perspectiva considera la necesidad de crear ambientes acogedores que promuevan el bienestar de pacientes, familiares y profesionales, reconociendo que la arquitectura puede desempeñar un papel fundamental en la recuperación y el confort de las personas en momentos de vulnerabilidad.