
La fachada es uno de los elementos más importantes en un proyecto arquitectónico. Además de ser la primera barrera del edificio contra el calor, la lluvia, la nieve o el viento, también determina en gran medida la apariencia del edificio. Puede hacer destacar el proyecto, mimetizarlo dentro de su contexto o incluso manifestar, a primera vista, los valores de sobriedad, transparencia, ligereza y sencillez que el arquitecto busca transmitir a través del dibujo. Junto a esto, también corresponde a una parte importante del costo total de la obra y debe especificarse con mucho cuidado, teniendo en cuenta, además de la estética, su funcionalidad, necesidad de mantenimiento y comportamiento a largo plazo.
Existe una gran diversidad de opciones para revestimientos de fachadas, cuyas tendencias y tradiciones constructivas varían según la región donde se ubica el proyecto. Morteros, ladrillos a la vista, tableros de madera, piedras naturales, tejas o láminas de metal son opciones comunes, con requisitos específicos de diseño e instalación, además de pequeñas variaciones e singularidades presentes en los materiales naturales. Pero hay casos en los que la principal cuestión a tener en cuenta es la facilidad de instalación, la reducción de la imprevisibilidad durante la obra y la vida útil del edificio, con el fin de desarrollar una construcción rápida, seca y libre de residuos. Las soluciones modulares y livianas con sistemas de sujeción rápidos y fáciles de manejar pueden reducir los contratiempos y problemas que ocurrirían al usar materiales en su estado bruto.






