
El paradigma de la movilidad pone su foco en el estudio, el diseño y la planificación del movimiento de personas, en vez de hacerlo en los vehículos. Este pasaje del objeto-auto al sujeto-persona- supone una mirada más compleja por lo granular pero también por lo abarcativa, ya que su universo de análisis trasciende al evento concreto del viaje e incorpora los aspectos
subjetivos y potenciales que hacen del desplazamiento una práctica social.
Comprender que se trata de personas que se desplazan en la ciudad implica un abordaje de la movilidad urbana desde dos aspectos clave: el primero es la singularidad de preferencias, que desde lo particular reconoce a la caminata como la forma más básica y democrática de movernos —a la hora de desplazarnos optamos por diferentes modos, pero todos somos peatones en algún momento—; el segundo es la diversidad de experiencias, que en todos
los modos de desplazamiento está sujeta a una multiplicidad de variables, pero que en el caso puntual de la caminata —que no tiene un dispositivo de intermediación más que el cuerpo que se habita y los recursos con los que se cuenta— está estrechamente vinculada con las características del medio.










