
Los silos desempeñan un papel significativo entre las estructuras remanentes de la era industrial, tanto por las tecnologías aplicadas como por su imagen en el paisaje urbano. Su forma cilíndrica, construida generalmente en concreto armado, respondía eficazmente a las demandas y desafíos que conllevaba la industrialización, ofreciendo una solución resistente y económica para el almacenamiento de productos. A lo largo del siglo XX, con la incorporación de nuevas dinámicas y logísticas, principalmente debido al traslado de actividades desde los centros urbanos hacia áreas de expansión, muchas de estas estructuras fueron desactivadas.
Sin embargo, aunque su carácter hermético pueda parecer un obstáculo para su adaptación a nuevas funciones, lo que se ha observado en las últimas décadas son iniciativas que valorizan estas estructuras, integrándolas a la dinámica urbana y destacando su importancia como parte de la memoria colectiva local.


















