
Este artículo fue publicado originalmente en Common Edge.
Los «mitos de origen», los «mitos fundacionales» y las «leyendas de la creación» nos permiten asomarnos e imaginar el pasado lejano de maneras metafóricas, poéticas y fascinantes. Los mitos de origen más antiguos nos ayudan a comprender cómo se creía que un pueblo o un lugar (como el universo) habían surgido. En la antropología, estos relatos se describen como mitos de creación o mitos «cosmogónicos», los cuales explican el origen del mundo. Por ejemplo, pueblos originarios de Norteamérica como los cheroqui, los ojibwe y los aztecas comparten el mito de origen de que la tierra se creó sobre un gran océano. Uno de los mitos de origen occidentales más comunes es la creación de Adán y Eva. Sin embargo, existen historias fundacionales para todo tipo de condiciones sociales, costumbres históricas y objetos, así como para lugares; pensemos en el mito de los hermanos Rómulo y Remo, amamantados de bebés por una loba, quienes sobrevivieron para fundar la ciudad de Roma (después de que Rómulo se deshiciera de su hermano).







