
Tras un prolongado período conocido como la Edad Media, comenzó a surgir un deseo creciente tanto de estudiar como de imitar a la naturaleza, junto con una inclinación por descubrir y explorar el mundo. Entre los años 1400 y 1600 d.C., Europa fue testigo de un importante renacimiento de las bellas artes, la pintura, la escultura y la arquitectura. El término "Renacimiento" (del francés Renaissance, que significa 'renacer') suele referirse a este período de la historia europea; aunque se asocia más estrechamente con Italia, países como Inglaterra y Francia experimentaron muchos de los mismos cambios culturales en diferentes escalas de tiempo.
Antes de los albores del Renacimiento, Europa estaba dominada por una ornamentada y asimétrica arquitectura gótica. Asolado por la peste, el continente perdió aproximadamente un tercio de su población, lo que transformó profundamente a la sociedad en términos económicos, sociales y religiosos. Al propiciar la transición de Europa hacia el Renacimiento, este período inauguró una nueva era arquitectónica tras la fase del arte gótico, impulsado por el auge del "humanismo": la corriente que otorgaba una gran importancia a la esencia del individualismo. Entre los efectos del humanismo destacaron el surgimiento de la figura individual, un mayor realismo y la atención al detalle, especialmente en las representaciones artísticas.












