
Por un lado, está el icónico dibujo del Cenotafio para Newton, la evocadora ilustración monocromática de Étienne-Louis Boullée. Por otro, los dibujos experimentales de Lebbeus Woods, visiones urbanas sugerentes de un futuro lejano. Asimismo, encontramos las célebres representaciones de la utópica Ville Radieuse de Le Corbusier. El dibujo y, a su vez, la visualización de la arquitectura, han sido siempre un medio idóneo para reflexionar sobre los conceptos espaciales del mañana. Resulta fascinante volver la mirada hacia aquellas representaciones del futuro creadas en el pasado.
Una de las figuras más destacadas del movimiento futurista de principios del siglo XX fue el arquitecto italiano Antonio Sant’Elia. A pesar de haber dejado apenas unos pocos proyectos construidos, los bocetos que realizó entre 1912 y 1914 —bajo el nombre de “Città Nuova”— se convirtieron en su legado más duradero. Esta serie de dibujos, conocida en español como la “Ciudad Nueva”, plasmaba visiones de un futuro utópico según la concepción de Sant'Elia, poblado por torres complejas con pasarelas de vidrio que priorizaban la funcionalidad.












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