
Cuando los grandes cambios sociales se aceleran y surge el descontento ante los procesos de toma de decisiones, la sociedad civil impulsa movimientos de abajo hacia arriba, activismo y experimentación audaz frente a la inercia de las políticas y la gobernanza. Ante tales ejemplos de activismo social, ¿tienen los/las arquitectos/as sus propios medios para fijar una postura? ¿Cuentan con la capacidad de desafiar las estructuras del statu quo?
Hace un año y medio, Greta Thunberg se dirigió al Foro Económico Mundial en Davos para instar a los líderes mundiales a tomar medidas urgentes frente al cambio climático. Su llamado captó la atención internacional y movilizó a miles de personas en manifestaciones de apoyo, presionando a los tomadores de decisiones para que enfrentaran activamente la crisis climática. Aunque sus acciones no lograron reconfigurar de inmediato la política climática global, su impacto fue crucial: colocó el cambio climático en los titulares de prensa, avivó el debate público y despertó la conciencia ambiental de millones de personas. Del mismo modo, ¿pueden los/las arquitectos/as valerse de sus capacidades únicas para impulsar transformaciones similares?
En cierto sentido, toda arquitectura es política. El entorno construido manifiesta esta dimensión política al fomentar o prohibir ciertas situaciones y actividades. La disciplina posee un enorme potencial para abordar problemáticas complejas y suscitar debates, creando escenarios al tiempo que propone soluciones a cuestiones urgentes. Dada la relevancia de la profesión en la configuración del entorno construido y la vida urbana, algunos/as arquitectos/as van más allá: no solo abogan por el cambio, sino que se involucran activamente en el acelerado desarrollo social a través de la acción directa.







