
El uso de la inteligencia artificial (IA) se basa en la idea de optimizar, dinamizar y ampliar el alcance de las más diversas operaciones. Sus sistemas están programados para identificar patrones y, con ello, ser capaces de realizar predicciones y acciones con velocidad y precisión. La eficiencia de los modelos depende de la cantidad y calidad de los datos, que pueden obtenerse mediante aplicaciones, cámaras, sensores, entre otros. En el ámbito urbano, la tecnología basada en la inteligencia artificial se ha visto como una forma de perfeccionar la gestión de estos territorios, sobre todo de aquellos más densos y de mayor extensión.
El uso de la inteligencia artificial suele asociarse al concepto de ciudades inteligentes o smart cities. Aunque su definición aún no está unificada ni del todo establecida, estas urbes presentan características comunes en la teoría y la práctica, como el uso de estrategias de gestión, proyectos y tecnologías que buscan mejorar la calidad de vida de la ciudadanía y lograr una mayor eficiencia en el uso de recursos y servicios. Con frecuencia, términos como big data, inteligencia artificial, machine learning e internet de las cosas (IoT, Internet of Things), entre otros, se asocian a estas estrategias.








