
En el siglo XX, Nueva York se convirtió en el epicentro de edificios de nueva construcción que rápidamente adquirieron un estatus icónico. Si bien influyeron enormemente en las nuevas formas de concebir la estética y el espacio, muchos de ellos llegaron a su fin menos de 60 años después de su inauguración. Pareciera que en la era moderna del desarrollo masivo, donde la bola de demolición simboliza el progreso, ningún edificio está a salvo. El empeño por demoler incluso aquellas estructuras consideradas culturalmente significativas demuestra la rapidez con la que los/las arquitectos/as descartan las ideas sobre la vida útil que planificamos para los edificios y cómo decidimos cuándo es el momento de derribarlos.
270 Park Avenue, elogiado alguna vez por Ada Louise Huxtable como una de las contribuciones de la ciudad a una “revolución dramática en el diseño arquitectónico”, fue terminado en 1961 por SOM. En un hito importante para las mujeres en el diseño, se trató del primer edificio corporativo de mediados de siglo completado por una mujer, Natalie de Bois, quien fue nombrada arquitecta del proyecto. El antiguo edificio de Union Carbide también es considerado un ícono modernista que se inspiró en (y, se podría argumentar, perfeccionó) el cercano edificio Seagram de Mies.
