
Fábricas, mataderos, gasómetros, conventos, torres de agua y estaciones ferroviarias son algunos ejemplos de estructuras que han permanecido en el tejido urbano de las ciudades con el paso de los años, a pesar de haber perdido su uso original. La reutilización de una edificación preexistente para nuevos usos es lo que se conoce como reúso adaptativo (del inglés adaptive reuse). Aunque no es un concepto contemporáneo, esta práctica se ha adoptado ampliamente en los últimos años como una estrategia para gestionar los espacios de forma más económica, sostenible, práctica y eficiente.








