
La liberación no siempre comienza con un monumento. Puede empezar en un jardín, un patio, un claro, un campo; en la ocupación de la tierra y en la posibilidad de reunirse allí. A lo largo de historias marcadas por el colonialismo y el despojo, el espacio ha sido más que el escenario donde ocurre la liberación. Ha sido una de sus prácticas: cultivado, ocupado, habitado en secreto, transitado y reconstruido colectivamente.
La investigación de Wolff Architects Liberation Gardens propone al jardín como una forma de interpretar estas prácticas espaciales, no solo como un terreno sembrado, sino como un espacio a través del cual se pueden sostener la supervivencia, el sustento y la imaginación emancipadora. En este sentido, el jardín no se define tanto por el diseño de paisaje como por las relaciones entre las personas y la tierra, el cultivo y el conocimiento, la ocupación y la autonomía. Puede albergar la producción cultural a la par de la subsistencia, así como formas de vida colectiva que surgen bajo condiciones de violencia y despojo. La liberación, entendida desde una perspectiva espacial, tiene que ver tanto con la posibilidad de habitar de manera distinta como con alcanzar una condición final de libertad.


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