
El espacio público suele concebirse como un bien que no pertenece a nadie en particular, de acceso colectivo pero mantenido por las instituciones. Sin embargo, un número creciente de iniciativas está desafiando este supuesto al poner a prueba modelos de gestión compartida y propiedad distribuida. En París, el programa Adoptez un banc introduce un enfoque basado en el patrocinio, que permite a personas y colectivos financiar y asumir temporal y simbólicamente la responsabilidad del mobiliario público histórico sin comprometer su uso colectivo. Por otro lado, en la misma ciudad, los huertos comunitarios que funcionan bajo el marco de Main Verte demuestran un modelo autogestionado, en el que los propietarios públicos y privados conservan la titularidad del suelo mientras delegan el control diario a asociaciones ciudadanas para la producción de alimentos y el uso compartido. En Nueva York, Common Corner representa una tercera vía, basada en la colaboración institucional y el diseño participativo, donde organismos públicos, organizaciones sin fines de lucro, profesionales del diseño y residentes coproducen espacio público en un contexto de vivienda social. En conjunto, estos tres casos sugieren que el cuidado, la autoría y la responsabilidad pueden distribuirse entre la ciudadanía y las instituciones, generando entornos urbanos más resilientes y arraigados localmente.

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