En el sur de China, existe a veces un mito urbano —especialmente en Hong Kong, Shenzhen y Guangzhou— sobre la conveniencia de elegir una vivienda que evite la luz del oeste. Durante décadas, el sol orientado al oeste ha demostrado ser una condición particularmente difícil de sobrellevar: su ángulo bajo por la tarde, su agresiva ganancia térmica (especialmente en verano) y la forma en que penetra profundamente en los interiores. Con el calentamiento global y las estaciones cada vez más largas y calurosas, ese tan romantizado "resplandor del atardecer" se experimenta cada vez menos como algo idílico y más como deslumbramiento, calor y fatiga. Si bien esta creencia circula como una regla empírica comunitaria, entraña una innegable claridad arquitectónica sobre la orientación de los edificios: evitar la luz del oeste no se trata solo del confort térmico, sino también de evitar la forma más aguda e intrusiva de iluminación directa; una luz que incide en el ángulo más implacable, barriendo las superficies, aplanando la profundidad y convirtiendo las habitaciones en campos de malestar de alto contraste.
Sunlight House / HEIN-TROY Architects. Imagen cortesía de VELUX
¿Puede la arquitectura moldear el confort antes de que intervengan los sistemas mecánicos? Dado que los edificios representan casi el 40% del consumo energético mundial y las personas pasan cerca del 90% de su tiempo en interiores, el desempeño térmico se ha convertido en una de las preocupaciones más urgentes de la arquitectura. Sin embargo, a pesar de que suele asociarse con los valores de aislamiento, las calificaciones energéticas o los sistemas mecánicos, el desempeño térmico comienza con decisiones espaciales que se toman mucho antes de incorporar el equipamiento técnico. La orientación, el flujo de aire, la luz natural y la ubicación de las aberturas influyen en cómo un edificio absorbe, conserva y libera calor a lo largo del día.
El desempeño térmico no solo consiste en reducir la demanda de energía, sino también en mantener condiciones interiores confortables en respuesta al clima. Estrechamente vinculado al confort térmico —la manera en que las personas que habitan los espacios experimentan la temperatura, el flujo de aire, la humedad y el calor radiante—, influye tanto en la salud, el bienestar y la productividad como en la eficiencia operativa. Diversas investigaciones sugieren que los ambientes interiores saludables pueden mejorar la capacidad de aprendizaje y la productividad hasta en un 15%, lo que refuerza la creciente relación entre el desempeño ambiental, la resiliencia y la calidad espacial.
Los arquitectos de hoy se enfrentan a una tarea común que desafía la intuición: cómo equilibrar el rendimiento del edificio y los objetivos estrictos de carbono frente al costo. La sostenibilidad en el diseño es ciertamente un objetivo digno y necesario, pero la cantidad de opciones puede ser abrumadora y los costos prohibitivos, especialmente a los ojos de los propietarios. ¿Cómo pueden los diseñadores convencer mejor a sus clientes para integrar la sostenibilidad en un proyecto? Mantener los costos bajos y respaldar las decisiones con análisis basados en hechos son los primeros pasos sólidos.
En toda Sudamérica, el confort ambiental se entiende no como una condición interior, sino como una cualidad que se modela a través del espacio. En regiones marcadas por el calor, la humedad, la intensa radiación solar y las variaciones estacionales, la arquitectura ha recurrido históricamente a decisiones espaciales para moderar el clima y dar soporte a la vida cotidiana. El confort surge de la manera en que los interiores se abren, se sombrean, se ventilan y se habitan a lo largo del tiempo.
En lugar de aislar los espacios interiores de su entorno, numerosos proyectos contemporáneos en toda la región cultivan el confort a través de la profundidad, la porosidad y las zonas intermedias. La luz se filtra en vez de maximizarse, el aire se canaliza mediante aberturas alineadas y vacíos, y los umbrales se transforman en espacios activos de uso y no en meros bordes residuales. Estas estrategias no buscan un control ambiental uniforme, sino que producen interiores que permanecen templados, adaptables y estrechamente sintonizados con las condiciones climáticas cambiantes. En este contexto, el confort ambiental se vuelve inseparable de la experiencia espacial.
A medida que la incertidumbre climática y los cambios en los ecosistemas redefinen las prioridades del diseño, la arquitectura asume un papel cada vez más activo en estos debates, en lugar de limitarse a observar. Desde esta perspectiva, la idea de hacer un "re" fomenta un paso atrás consciente para repensar, reconectar y realinear la relación entre los edificios y su entorno. Este enfoque, fundamental para la arquitectura regenerativa, se extiende más allá de tecnologías o escalas específicas, abarcando desde planes maestros que buscan renaturalizar las ciudades hasta pabellones nacionales que combinan arte y ciencia.
¿Cuál es el camino a seguir? Por un lado, muchos debates actuales hacen hincapié en la tecnología; por otro, hay enfoques que, más que oponerse, se complementan entre sí y amplían el abanico de posibilidades, basándose en la tradición, los conocimientos ancestrales y un profundo conocimiento del entorno. Entre estas perspectivas, la obra de Rudolf Steiner y el movimiento antroposófico, desarrollado a principios del siglo XX, ofrece una visión e ideas que conectan la arquitectura con los ritmos ecológicos, los materiales y la vida comunitaria.
En Copenhague, durante el Día Internacional de la Luz de la UNESCO 2024, The Daylight Award ha anunciado al arquitecto y profesor español Alberto Campo Baeza como galardonado en la categoría de arquitectura y al profesor alemán de cronobiología Till Roenneberg por su investigación científica sobre el impacto de la luz natural. Las dos categorías crean un puente interdisciplinario entre campos, fundamentando el pensamiento arquitectónico con una investigación de alto nivel. Ambos ganadores han sido elogiados por sus investigaciones científicas sobre temas como los ritmos circadianos y las dependencias en el caso del profesor Roenneberg, y las cualidades poéticas obtenidas mediante el uso de la luz natural en las obras arquitectónicas de Alberto Campo Baeza.
Acorde a las condiciones climáticas de cada región y su entorno de implantación, los cerramientos exteriores juegan un rol fundamental al proporcionar a los espacios interiores las condiciones de climatización y ventilación necesarias para que se vuelvan habitables y confortables. Si bien existen diversas estrategias y diseños bioclimáticos que pueden aplicarse para alcanzar la eficiencia energética, la determinación de la materialidad, la elección de los herrajes y la definición de las tecnologías de apertura y cierre colaboran en el desempeño de las fachadas aportando funcionalidad y un alto grado de adaptabilidad a los usos contemporáneos, entre otros factores.
La madera ha desempeñado un papel importante en la arquitectura mexicana contemporánea debido a su versatilidad, sostenibilidad y la conexión cultural que tiene con la historia arquitectónica del país. Actualmente, la arquitectura en México se ha posicionado mundialmente por su sensibilidad y maestría en el diseño de los espacios cotidianos a través de distintas técnicas que atienden temas de sostenibilidad, estética y diseño bioclimático.
La luz del sol ha sido una parte integral de la vida desde que el sol y la tierra comenzaron su danza. El bienestar que proporciona la luz natural es un tema recurrente en la cultura humana, presente en la música popular, la moda, la fotografía e incluso en nuestros ambientes más lujosos.
Pero el deseo de nuestros cuerpos por la luz del sol es más que un simple sentimiento. La investigación científica ha demostrado que ayuda a nuestro cuerpo a producir más melatonina, que ayuda a dormir y reduce el estrés, que la vitamina D mejora la inmunidad y fortalece los huesos y que la serotonina combate la depresión. Además de ayudarnos a llevar vidas más saludables y felices, la investigación sugiere que el sol también nos ayuda a vivir más tiempo.
La luz natural ha demostrado ser un excelente elemento formador con el que la arquitectura puede crear ambientes dinámicos. Pionero en el diseño de iluminación, William M. C. Lam, (1924-2012) enfatizó en su libro "Sunlighting as Formgiver" que la consideración por la luz del día va mucho más allá del ahorro de energía. Los arquitectos ya han encontrado numerosas formas de implementar la luz natural y el hecho de proponer una tipología de iluminación coherente puede ser un objetivo valioso durante el proceso de diseño. Sin embargo, las revisiones de la iluminación natural se centran principalmente en el consumo de energía.
Sin embargo, Siobhan Rockcastle y Marilyne Andersen desarrollaron un enfoque cualitativo en la EPFL de Lausana. Su interés fue impulsado por la diversidad espacial y temporal de la luz del día, creando una matriz de 10 tonos de luz natural.
Las soluciones de construcción tradicionales tienden a funcionar bien en sus respectivos contextos, ya que han resistido cientos de años de pruebas y mejoras, y utilizan técnicas y materiales disponibles localmente. Si bien la globalización y la democratización del acceso a la tecnología han traído más comodidad y nuevas oportunidades a la humanidad, también ha llevado a la homogeneización de las soluciones en el sector de la construcción y a la dependencia de las cadenas de suministro globales de materiales y componentes de construcción. Esto también ha provocado una ruptura en la forma de transmitir el conocimiento a las nuevas generaciones y, eventualmente, la desaparición de las tradiciones.
En particular, el tema de las soluciones de refrigeración pasiva para edificios está teniendo un resurgimiento en la actualidad, con un esfuerzo por recuperar técnicas antiguas utilizadas a lo largo de la historia en lugares que siempre han tenido que lidiar con climas cálidos. Esto es aún más evidente por los altos costos energéticos que impone el enfriamiento artificial, el escenario de calentamiento global, y principalmente porque, dentro de las proyecciones de crecimiento poblacional, una parte importante de las megaciudades se ubicarán en los climas predominantemente cálidos de África y Asia. Cuando pensamos en el futuro, ¿es posible inspirarnos en el pasado y aplicar técnicas antiguas de enfriamiento a los edificios contemporáneos?
Ya sea un pequeño balcón, el acceso a un espacio verde o un jardín privado, el espacio al aire libre se ha convertido en un privilegio para muchos, especialmente en los albores de la pandemia de Covid-19 y los múltiples períodos de confinamiento que siguieron. Los espacios verdes en la ciudad están constantemente bajo amenaza, particularmente porque los gobiernos buscan aumentar la densidad de viviendas para satisfacer la creciente demanda de desarrollo suburbano. Como resultado, el jardín y el acceso a los espacios verdes y al aire libre ha disminuido en los últimos tiempos, ya que las prioridades se encuentran en la vivienda y su producción en la mayor cantidad posible, a menudo sin tener en cuenta sus beneficios como el acceso a las áreas exteriores en los desarrollos residenciales.
En términos de calidad de vida, la falta de acceso a estos espacios presenta desigualdades evidentes, que se han descubierto durante los períodos de confinamiento y restricciones que demandó la pandemia. Las personas estaban confinadas en sus casas y espacios al aire libre locales, donde podían hacer ejercicio. Aquellos que tenían acceso a estos espacios públicos y tenían sus propios jardines o espacios exteriores tuvieron mucha suerte en el sentido de que pudieron disfrutar de un elemento del exterior. Mientras que los menos afortunados en pisos y áreas más ajustadas se enfrentaron a condiciones claustrofóbicas y desmoralizantes, contenidos dentro del caparazón de sus hogares.
Para la mayoría de las personas, la vida moderna requiere pasar la mayor parte del día en espacios interiores; de hecho, según un informe de la Agencia de Protección Ambiental, la persona promedio pasa alrededor del 90% de su vida en interiores. Como resultado, esto implica perderse los beneficios para la salud asociados con la exposición a la luz solar, como la absorción de vitamina D, la regulación de los ritmos circadianos, niveles más altos de energía e incluso un mejor estado de ánimo. Así, una opción es aumentar la cantidad de tiempo que pasamos al aire libre. Pero dado que la mayoría de las funciones diarias se llevan a cabo dentro de los edificios, es crucial incorporar y priorizar la iluminación natural en los interiores.
Ya sea mediante lucarnas tradicionales, claraboyas superiores, aberturas lineales, tragaluces tipo linterna o cubiertas tipo shed, la manipulación e incorporación de luz natural en los proyectos arquitectónicos puede significar un cambio radical en la percepción de los espacios interiores y las atmósferas. La cocina, como espacio de trabajo, es considerada en muchos proyectos de viviendas como un área central donde los residentes pasan una gran cantidad de tiempo de sus vidas diarias. Brindar una buena calidad de luz permitirá incrementar el confort visual y proporcionar un mayor bienestar a quienes realicen tareas en esos espacios.
Las personas tienen necesidades fundamentales que deben satisfacerse para sobrevivir, incluyendo el oxígeno, el agua, la comida, el sueño y el refugio. También tienen requisitos secundarios, uno de los cuales es la luz del día. Al pensar en cómo los edificios pueden mantener a las personas saludables, es importante recordar que la luz natural es esencial para el bienestar. De hecho, los ritmos circadianos humanos dependen de ella.