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Arquitectos: Altiplan, zigzag architecture
- Área: 4560 m²
- Año: 2020
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Proveedores: Wienerberger



Se estima que el cobre fue el primer metal encontrado por el hombre y utilizado en la fabricación de herramientas y armas. Esto ocurrió en el último período de la prehistoria, hace más de 10.000 años, en la llamada Edad de los Metales, cuando los grupos –hasta entonces nómadas– empezaron a ser sedentarios, dominando la agricultura e iniciando las primeras aglomeraciones urbanas. Desde entonces, el cobre se ha explotado para usos muy diversos. Desde objetos decorativos, joyas, repuestos de automóviles, sistemas eléctricos e incluso dispositivos dentales, entre muchos otros, el material es altamente demandado. En arquitectura, el revestimiento de cobre es muy apreciado por su estética y gran durabilidad. Pero un factor que vale la pena mencionar es que el cobre se puede reciclar infinitas veces, y prácticamente nunca pierde sus propiedades.

Desde hace varios años, el sector de la construcción se ha enfrentado a una escasez de mano de obra, generando un interés creciente por la automatización. La crisis de salud solo ha exacerbado la tendencia, incitando a las empresas de automatización a cambiar su enfoque en la fabricación de automóviles a la industria de la construcción, por lo cual se espera que la automatización crezca hasta un 30% dentro los próximos años. A continuación se exploran las capacidades actuales y las posibilidades futuras de automatización dentro del proceso de construcción, su integración dentro de la práctica convencional y el impacto en el diseño.


Un proyecto de escala relevante rara vez es obra de una sola persona. Desde las jornadas comunitarias de construcción de graneros en los siglos XVIII y XIX hasta los equipos de trabajo estándar que convoca un desarrollador de proyectos hoy en día, una estructura construida requiere de muchas manos comprometidas, aportando diferentes ideas y conocimientos para darle forma y ejecutarla.

En Her, una película de 2013 dirigida por Spike Jonze, un escritor solitario desarrolla una relación amorosa con la asistente virtual de un sistema operativo. Un Mundo Feliz, libro escrito en 1932 por el inglés Aldous Huxley, habla de una sociedad cuyo culto a la eficiencia, la racionalización y la máquina desata una humanidad que ignora el esfuerzo y el dolor, pero que también reprime el amor y la libertad. En el libro de Frankenstein, de 1823, considerada la primera novela de ciencia ficción, se crea una vida artificialmente, produciendo un monstruo con características humanas: voluntades, anhelos y miedos. Ya sea en relación al temor a la inteligencia artificial, la incertidumbre que produce la industrialización o los límites de la ciencia, respectivamente, las obras de ciencia ficción nos revelan menos sobre el futuro y mucho más sobre el momento en que fueron creadas; hablan de los temores y las esperanzas de su propia época.
Cuando exploramos las visiones urbanas del pasado sobre el futuro, es común encontrar ejemplos exagerados e incluso divertidos. En cuanto a las promesas de la arquitectura y, en consecuencia, de nuestras ciudades, tampoco es tarea fácil señalar caminos con claridad. Al observar las tendencias de la industria y al usar toda nuestra imaginación, ¿podríamos decir cómo serán las ciudades en decenas o cientos de años? ¿Sus materiales, su apariencia, la manera de construir y de pensar? ¿Será un futuro más limpio y minimalista o un futuro más orgánico y complejo? ¿Cómo afectarán las nuevas tecnologías y materiales de construcción a la forma, aspecto y prosperidad de las ciudades del mañana?



En una reciente entrevista realizada por Louisiana Channel, la arquitecta alemana Anna Heringer reflexiona sobre el recientemente inaugurado centro Anandaloy en Bangladesh, un espacio social que se convirtió en un catalizador para el desarrollo local. La arquitecta comparte su compromiso con la sustentabilidad y aborda la importancia de transferir conocimientos a las comunidades locales a través de procesos de construcción participativos.


La incorporación de la figura humana en la fotografía de arquitectura, es una de las herramientas más efectivas para ayudar al espectador a descifrar la escala de una obra. Con ella, no sólo se logran trasmitir nociones de las medidas de los elementos fotografiados, si no que también es posible generar interesantes relaciones que pueden favorecer la composición la de una imagen. Bajo estos principios, ArchDaily muestra una selección de nuestras fotos favoritas relacionadas a la escala humana como el principal elemento compositivo.

Al reflexionar sobre el reciclaje, la sostenibilidad, las medidas a tomar y las soluciones tecnológicas innovadoras, resulta inevitable pensar que también existen enfoques ya conocidos que deberían tomarse en consideración. De hecho, al examinar el impacto del entorno construido en el clima, se observa que, en muchos países, el 80% de los edificios que existirán en 2050 ya han sido construidos. Por lo tanto, la forma más eficaz de sostenibilidad podría consistir en ahorrar energía eliminando o reduciendo al mínimo las nuevas construcciones y evitando la demolición de las estructuras existentes.
En esto consiste precisamente la reutilización adaptativa: en otorgar un nuevo propósito a un "edificio remanente" preexistente. Hoy en día, este proceso de transformación se está volviendo esencial debido a numerosos factores relacionados con la emergencia climática, los costos de los terrenos y de la construcción, la saturación del suelo y el cambio en las tendencias habitacionales.

El año pasado, el Premio Mies van der Rohe fue otorgado a un proyecto de reforma de un edificio de vivienda social, poniendo sobre la mesa la relevancia de la rehabilitación física y moral de los bloques habitacionales construidos en el período de la posguerra en prácticamente todas las ciudades de Europa.