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Arquitectos: António Cruz Lopes
- Área: 60 m²
- Año: 2019


En una época de colapso ecológico y creciente inseguridad alimentaria, la arquitectura se ve cada vez más llamada a comprometerse no solo con los paisajes, sino también con los sistemas que los sostienen y regeneran. Entre estos sistemas, la agricultura ocupa un papel paradójico, al ser tanto uno de los principales factores de la degradación ambiental como un agente potencial de recuperación ecológica. La agricultura industrial ha agotado los suelos, fragmentado los hábitats y acelerado el cambio climático a través de los monocultivos, la dependencia de los combustibles fósiles y la estandarización territorial. Como respuesta, la agroecología ha surgido como una práctica alternativa arraigada en la biodiversidad, los saberes locales y los ritmos cíclicos de la naturaleza. Esta disciplina redefine la agricultura no como una actividad extractiva, sino como la regeneración de los ecosistemas, las comunidades y el suelo mismo.
Esta nueva perspectiva abre un espacio para que la arquitectura realice una contribución significativa. Alinearse con la agroecología no significa únicamente apoyar la producción de alimentos, sino también comprometerse con las condiciones culturales, espaciales y ecológicas más amplias que la sostienen. Esto implica diseñar considerando las variaciones estacionales, fomentar el uso compartido y construir de manera que se respete tanto a la tierra como a quienes la trabajan. Así, la arquitectura va más allá del simple cerramiento: se convierte en un mediador del cultivo, la reciprocidad y la coexistencia.

Los muelles y puertos de embarcaciones son espacios liminales donde la orilla marca el encuentro entre la tierra y el agua, sirviendo como un espacio para la convergencia de la cultura, la industria y la comunidad. Para quienes trabajan en el mar, desde pescadores/as comerciales hasta operadores/as de carga marítima, el muelle es un umbral entre el trabajo y el descanso, entre la incertidumbre oceánica y la estabilidad terrestre. Para otras personas, el muelle funciona como una puerta de entrada a la recreación, el deporte y la aventura, albergando desde clubes de remo hasta viajes familiares en velero. Y para quienes nunca suben a bordo de una embarcación, el muelle ofrece una poderosa conexión con el entorno marino, un lugar donde detenerse, observar e interactuar con el ritmo de las mareas.






La 5ª edición del PNAM, Premio Nacional de Arquitectura en Madera de Portugal, se entregó el pasado 8 de noviembre en el Monasterio de Alcobaça. Organizado por la Asociación de las Industrias de la Madera y el Mobiliario de Portugal (AIMMP), la Ordem dos Arquitectos (OA) y la Confederación Portuguesa de la Construcción e Inmobiliaria (CPCI), este galardón bienal está destinado a profesionales de la arquitectura en Portugal que eligen la madera como materia prima para sus construcciones.
A continuación, conoce los proyectos reconocidos.





Ningún edificio existe de forma aislada. Al interactuar con redes ambientales y culturales, la arquitectura es un arte inherentemente arraigado al territorio. En este sentido, los límites, las limitaciones y las restricciones impulsan el proceso de diseño, generando soluciones que celebran el mundo tal como lo encontramos. Como reflejo de esta dinámica, los proyectos de renovación y reutilización adaptativa abordan problemas complejos y preexistencias. Esto es particularmente evidente al intervenir edificios industriales, espacios donde confluyen la maquinaria, la manufactura y la energía.

Tema de constantes discusiones técnicas que involucran normativas de accesibilidad y un detallado exhaustivo, las barandillas metálicas desempeñan una doble función en los proyectos de arquitectura, al ser tanto un elemento de apoyo y seguridad en una construcción como un rasgo de identidad del diseño. En este artículo exploraremos las diferentes maneras en que estos elementos de herrería se perciben e integran en el proyecto.