La cocina y la arquitectura guardan un estrecho paralelismo. Al combinar ingredientes para conformar un todo, ambos procesos están ligados al contexto cultural, la creatividad y el significado. Así como podemos comprender cómo han cambiado las culturas a lo largo del tiempo observando la evolución de su gastronomía, lo mismo puede decirse de la arquitectura. En ambos casos, los productos finales se fundamentan en la interacción humana y cobran vida a través de la experiencia.
Las cocinas tal como las conocemos hoy en día tienen como principal característica la funcionalidad y, con este fin, su espacio se ha organizado históricamente a partir de una lógica industrial. El desarrollo de electrodomésticos y la definición precisa de la distribución garantizan una planta funcional y la optimización de las tareas en la cocina. Como parte de esta distribución, encontramos las mesadas de trabajo, superficies horizontales a media altura que tienen múltiples usos y, por lo tanto, muchas configuraciones posibles.