
La cocina y la arquitectura guardan un estrecho paralelismo. Al combinar ingredientes para conformar un todo, ambos procesos están ligados al contexto cultural, la creatividad y el significado. Así como podemos comprender cómo han cambiado las culturas a lo largo del tiempo observando la evolución de su gastronomía, lo mismo puede decirse de la arquitectura. En ambos casos, los productos finales se fundamentan en la interacción humana y cobran vida a través de la experiencia.
