
Las cocinas tal como las conocemos hoy en día tienen como principal característica la funcionalidad y, con este fin, su espacio se ha organizado históricamente a partir de una lógica industrial. El desarrollo de electrodomésticos y la definición precisa de la distribución garantizan una planta funcional y la optimización de las tareas en la cocina. Como parte de esta distribución, encontramos las mesadas de trabajo, superficies horizontales a media altura que tienen múltiples usos y, por lo tanto, muchas configuraciones posibles.
Las mesadas de trabajo de la cocina son superficies utilizadas para diversas actividades, como higienizar y preparar alimentos, limpiar objetos y electrodomésticos, e incluso almacenar artículos o exhibir objetos decorativos. Su funcionalidad se divide entre el área húmeda —la zona próxima al fregadero y al grifo donde se manipulan los alimentos— y la parte seca, que también sirve como espacio de trabajo, pero que además puede funcionar como apoyo, almacenamiento e incluso espacio para comer. Estas dos áreas pueden estar integradas en una misma mesada, en el caso de las cocinas más pequeñas, o distribuirse en el espacio, como ocurre con las islas y barras de cocina.

















