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Arquitectos: Pontoatelier
- Área: 90 m²
- Año: 2026





¿Qué ocurre con el espacio debajo de una cubierta? En muchas viviendas, la respuesta es sencilla: se convierte en un ático, un espacio de almacenamiento o un volumen prácticamente inutilizado entre la planta superior y el techo. Sin embargo, este mismo espacio puede transformarse en un dormitorio, una oficina en casa, una sala de juegos o un área de estar adicional si se proyectan de manera conjunta la cubierta y el espacio inmediatamente inferior.
Este potencial es clave tanto en las edificaciones existentes como en la arquitectura residencial. Convertir un ático permite sumar superficie útil sin ampliar la huella del edificio, mientras que diseñar una vivienda nueva considerando un espacio habitable bajo la cubierta la vuelve más adaptable con el paso del tiempo. Por lo tanto, la cuestión no reside únicamente en cómo rehabilitar un ático, sino en cómo reconocer el potencial arquitectónico de un espacio subutilizado generado por una cubierta inclinada.

Esta semana, los debates sobre la vivienda, la seguridad y el futuro de las ciudades cobraron relevancia, abarcando desde el impacto de los desastres naturales hasta el papel de la arquitectura en la configuración de entornos urbanos más inclusivos. El Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, conmemorado el 13 de octubre bajo el lema "La resiliencia empieza en casa", puso de relieve estas problemáticas pocos días después de que un sismo de magnitud 7.7 sacudiera Panamá, causando daños en edificaciones y provocando evacuaciones en todo el país. Más allá de la preparación ante desastres, los acontecimientos de la semana también reflejan esfuerzos más amplios para satisfacer las necesidades de vivienda, dar nuevos usos a las estructuras existentes y crear espacios que impulsen la educación, la cultura y la vida pública.


El estudio portugués de arquitectura y urbanismo OODA ha publicado nuevas imágenes de un proyecto de diseño urbano en Praga, República Checa. El diseño transforma una manzana existente en un sitio permeable que alberga viviendas sociales municipales, locales comerciales y una plaza central ajardinada. El proyecto, titulado Kodaňská 1441, prioriza la caminabilidad, la movilidad sostenible y el espacio público. Además de abrir nuevas conexiones entre el edificio existente y el tejido urbano, incluye un diseño de paisaje a cargo de LJ-Group y un sistema de gestión del agua que aumenta las superficies permeables del patio en un 21,5%. El proyecto es un ejemplo de renovación urbana que incorpora preocupaciones contemporáneas como los espacios comunitarios, una relación regulada con el espacio público, entornos con vegetación y el uso sostenible de los recursos naturales.

Un bayou es un cuerpo de agua de curso lento, típicamente un arroyo o un río que serpentea a través de un terreno bajo y plano en un paisaje de humedales más amplio. Presentes en toda la costa del Golfo, los bayous se diferencian de los pantanos, que albergan humedales boscosos caracterizados por aguas estancadas, y de las marismas, donde crecen pastos altos y plantas herbáceas en suelos saturados. Las corrientes del paisaje de un bayou sustentan ecosistemas biodiversos de plantas, árboles, insectos, aves y peces, al tiempo que los niveles de agua cambiantes, el suelo saturado, el aire húmedo, las lluvias intensas y los veranos largos y calurosos crean un entorno difuso entre la tierra y el agua, lo húmedo y lo seco, el interior y el exterior.


Un título en arquitectura proporciona los cimientos de la disciplina; sin embargo, la transición hacia el ejercicio profesional suele ir mucho más allá de las aulas. Ganar experiencia, desarrollar un portafolio y desenvolverse en la realidad de los despachos de arquitectura son desafíos a los que se enfrentan quienes egresan de la carrera en sus primeros años de práctica.



Sobre el papel, participar en un concurso de arquitectura es una de las tareas más desafiantes que un/a estudiante de arquitectura puede emprender. Lo que atrae a los y las estudiantes hacia ellos es la oportunidad de experimentar, abordando un programa vagamente definido que deja margen para poner a prueba ideas poco convencionales y herramientas desconocidas fuera del ritmo del semestre. Esa distancia respecto a la evaluación académica es un desarrollo relativamente reciente, ya que en su momento los concursos fueron fundamentales para la educación arquitectónica.
En la École des Beaux-Arts, la enseñanza se dividía entre el taller (*atelier*), donde los y las estudiantes desarrollaban proyectos bajo la dirección de un/a arquitecto/a en ejercicio, y el concurso, donde un jurado de profesores evaluaba el trabajo de los alumnos sin haber seguido su desarrollo. Más tarde, instructores formados en Francia llevaron este modelo a escuelas como el MIT, Penn, y Cornell. Con el tiempo, la mayoría de las escuelas conservaron el taller —que se convirtió en el taller de diseño— y relegaron los concursos a los márgenes del plan de estudios.
