
En septiembre de 2000, el arquitecto Paulo Mendes da Rocha propuso algo posible e imposible: cubrir la Plaza de la República, en el centro de São Paulo, con una piscina-playa suspendida. Esta actitud provocativa pone en jaque cuestiones latentes para la sociedad: el derecho al ocio, a la ociosidad, a la celebración, a la higiene, al autocuidado, a la sociabilidad, al entretenimiento y al cuerpo. "Cantinas, vestuarios-máquina y rampas" son casi todas las palabras que permean este proyecto-narrativa y que inspiran nuestro taller.





























