
El vomitorio y su verdadero propósito constituyen uno de los malentendidos más comunes de la arquitectura histórica. Se suele decir que el vomitorio era una sala contigua a los banquetes romanos donde los comensales podían vaciar socialmente el contenido de sus estómagos antes de regresar al festín con renovada capacidad. Si bien esta teoría no carece del todo de fundamento —pues se sabe que los romanos efectivamente recurrían a la regurgitación habitual, posiblemente como muestra de opulencia—, no existen motivos para creer que hubiera una habitación destinada específicamente a dicha práctica.
De hecho, el uso original del término "vomitorio" —derivado de la misma raíz latina *vomere* (vomitar o arrojar)— se refiere a un espacio que permite a un edificio de gran escala desalojar rápidamente su contenido. Un vomitorio, por lo tanto, no es más que un pasillo. En concreto, se trata de un corredor amplio y troncal que conduce hacia o desde un espacio público de gran capacidad —como un teatro, una arena o un estadio—, diseñado con el propósito de facilitar la entrada o salida de la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible. Un vomitorio bien diseñado, por ejemplo, resulta fundamental para los procedimientos de evacuación de emergencia; no obstante, incluso en la actividad cotidiana, la capacidad de desplazar rápidamente a grandes multitudes agiliza el flujo de asistentes y mejora la experiencia general del público.




















































