
Dado que la pandemia de Covid-19 alteró los paisajes urbanos y acercó a muchas personas a la movilidad activa, existe una mayor urgencia de hacer que las calles sean más seguras para peatones y ciclistas. Muchas ciudades tienen ahora la tarea de proteger a las personas usuarias más vulnerables, además de crear espacios públicos seguros que permitan la recuperación económica y que la gente disfrute de la ciudad al aire libre. Asimismo, existen motivos a largo plazo para apoyar esta transición.
“Caminar y andar en bicicleta se encuentran entre las formas más sostenibles de trasladarse en las ciudades, pero no si son opciones extremadamente peligrosas”, afirma Claudia Adriazola-Steil, directora interina de Movilidad Urbana y directora de Salud y Seguridad Vial del WRI Ross Center for Sustainable Cities.












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