
“Puedo oír mejor con mi rodilla que con mis pantorrillas”. Esta declaración de Bernhard Leitner, que en un principio parece absurda, se explica a la luz de un interés que sigue persiguiendo hoy en día con una pasión y una meticulosidad intactas: el estudio de la relación entre el sonido, el espacio y el cuerpo. Desde finales de la década de 1960, Bernhard Leitner ha trabajado en el límite entre la arquitectura, la escultura y la música, concibiendo los sonidos como material constructivo, como elementos arquitectónicos que permiten la emergencia de un espacio. Los sonidos se desplazan a diversas velocidades a través del espacio, suben y bajan, resuenan de un lado a otro y tienden puentes entre cuerpos espaciales dinámicos y en constante cambio dentro de los límites estáticos del marco arquitectónico. De este modo, surgen espacios singulares que no se pueden fijar visualmente y que son imposibles de examinar desde el exterior: espacios audibles que se pueden sentir con todo el cuerpo. Leitner habla de una audición “corpórea”, en la que la percepción acústica no solo se realiza a través de los oídos, sino a través de todo el cuerpo, donde cada parte del cuerpo puede oír de manera diferente.
- George Kargl, Fine Arts Viena






































































































