
«Cada vez que describo una ciudad digo algo de Venecia», le dijo Marco Polo a Kublai Khan en el libro fundamental de Italo Calvino, Las ciudades invisibles. Quien fuera alguna vez el corazón de una poderosa república marítima, Venecia alberga, en efecto, muchas ciudades dentro de su intrincada red de canales, callejones, puentes y plazas. Reconocida por su singular belleza arquitectónica, su historia renacentista y su trascendencia cultural —y, por supuesto, por estar construida en medio del agua—, durante las últimas décadas Venecia se ha convertido en una de las víctimas más notables del sobreturismo, al recibir un estimado de 30 millones de visitantes al año.
Las cifras son asombrosas y superan con creces a las 50,000 personas residentes que llaman a Venecia su hogar; esto es, 120,000 menos que su población a principios de la década de 1950, cuando la población local comenzó a marcharse, afectada por el ruido permanente y la saturación de las calles peatonales.
