
El sector de la arquitectura, ingeniería, construcción y operación (AECO) tiene una participación sumamente significativa en el consumo de energía y en las emisiones globales de CO2, siendo responsable de aproximadamente el 40% de estas. En Brasil, las edificaciones (residenciales, comerciales y públicas) consumen aproximadamente el 50% de toda la energía eléctrica suministrada, mientras que las industrias del cemento, los metales y la cerámica representan cerca del 10% de todo el consumo energético final del país. A esto se suma un gran déficit habitacional que supera los 6 millones de hogares, además del conocido déficit de infraestructura, problemáticas que deberán solucionarse en el futuro.
En este sentido, es urgente reducir el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero, en especial el CO2, en el sector AECO. Una parte importante de este consumo y de las emisiones de carbono se genera durante la producción de los materiales de construcción. Para lograrlo, resulta fundamental visibilizar y comprender todo el ciclo de vida de un edificio, ya que solo así podremos tomar decisiones más acertadas y responsables cuando se habla de una verdadera sustentabilidad (el enfoque de este texto se limitará únicamente a la cuestión del carbono).
En este contexto surge el término “dieta de carbono” que, de forma análoga a una dieta calórica, puede entenderse como una manera de diseñar edificios considerando la huella de carbono de los materiales y de las tecnologías constructivas empleadas.




