
La historia de la arquitectura está repleta de grandes hipótesis nunca concretadas, ya sea por su inviabilidad, su radicalidad conceptual u otros criterios específicos. Aunque fueron fruto de las mentes más prestigiosas del campo, estas ideas no superaron las inevitables imposiciones de la realidad material, ni pudieron sufrir adaptaciones que las hicieran viables, ni siquiera parcialmente. No obstante, la importancia de estos proyectos trasciende lo tangible. Más allá de enriquecer el acervo intelectual de la profesión, estas propuestas en su día truncadas fueron y siguen siendo insumo para la reflexión y fuente de creación para diversos enfoques artísticos.
El colosal domo geodésico de 3 km de diámetro propuesto por R. Buckminster Fuller para proteger a la ciudad de Manhattan de la nieve, en 1960, se limitó, como objeto de construcción, al tablero de dibujo del arquitecto estadounidense. Tiempo después, la envoltura de Fuller fue retomada como punto de partida por el novelista Ben Bova para escribir la distopía City of Darkness (1976), ambientada en un país cubierto por gigantescas estructuras similares.
En 2019, el historietista italiano Manuele Fior, por su parte, ficcionalizó el pasado de la arquitectura a través de la galardonada obra Celestia, cuyos acontecimientos se desarrollan en la isla del mismo nombre. El lugar, una clara versión de la ciudad natal del autor (Venecia), está enmarcado no solo por edificios góticos y renacentistas —fielmente representados de acuerdo con sus referentes reales—, sino también por la insólita presencia de volúmenes que remeten, cada uno, a una historia en segundo plano.





