
Los suburbios han experimentado una especie de renacimiento durante la última década. Durante la pandemia de COVID-19, las personas migraron de los centros urbanos en busca de espacios abiertos y servicios descentralizados. Para algunos, las palabras “suburbio” o “periferia” evocan de inmediato imágenes de jardines perfectamente podados y filas de casas idénticas; sin embargo, los factores que definen el éxito de un suburbio podrían tener más en común con las dinámicas urbanas de lo que se suele pensar.
Resulta fundamental comprender qué es exactamente un suburbio y cómo puede definirse. En 2017, el HUD y la Oficina del Censo de EE. UU. encuestaron a más de 75,000 personas, a quienes se les pidió clasificar sus vecindarios como rurales, suburbanos o urbanos. De esta población, el 21% declaró vivir en una zona rural, el 27% en una urbana y el 52% se identificó como habitante de un barrio suburbano. Curiosamente, cuando la encuesta se repitió tres años después, muchas personas afirmaron vivir en la periferia, aun cuando sus viviendas estaban ubicadas formalmente dentro de los límites urbanos. Con todo, la definición más aceptada de suburbio describe a aquellas zonas de posguerra caracterizadas por viviendas y edificaciones de baja densidad, situadas más allá del perímetro urbano y con un carácter predominantemente residencial.




