
Las olas de calor, cada vez más frecuentes e intensas debido al cambio climático, representan un desafío crítico para el diseño de los espacios urbanos. Las altas temperaturas exacerban los problemas de salud pública, aumentan el consumo de energía y disminuyen la calidad de vida en las ciudades. Con el fin de mitigar estos efectos, resulta esencial que los espacios urbanos adopten estrategias para promover la resiliencia en lugar de limitarse a reproducir formatos que ignoran el estrés térmico al que muchas personas están siendo sometidas.
Desde hace tiempo se comprenden los beneficios de los espacios verdes urbanos, del contacto con la naturaleza, el agua y la tierra, así como las ventajas relacionadas con la salud y el bienestar de la población que convive con parques cerca de sus hogares. Se trata de un aspecto que cobró aún más fuerza tras el pánico colectivo instaurado durante la pandemia de Covid-19. No obstante, la coyuntura actual vuelve a poner de manifiesto el impacto de los modelos urbanos en la vida contemporánea, la cual se enfrenta ahora a temperaturas extremas sin precedentes.



















