
El concepto de economía circular adquirió una definición más precisa en 1990, cuando apareció en el artículo Economics of Natural Resources and the Environment (Economía de los recursos naturales y del medio ambiente), de los economistas y ambientalistas británicos David W. Pearce y R. Kerry Turner. En aquel momento, el principal propósito de la investigación era demostrar que la economía tradicional no incorporaba el reciclaje. De este modo, el medio ambiente asumía un papel secundario, como un simple depósito de residuos. La economía circular cobraría fuerza, por lo tanto, en oposición a la economía lineal o tradicional, en la que la cadena productiva se rige bajo el lema de “extraer, producir y desechar”. Un modelo profundamente arraigado en nuestra economía, pero que se ha vuelto insostenible por diversos motivos, tales como el agotamiento de los recursos naturales y la contaminación del medio ambiente derivada de la producción y el desecho, entre otros.
En este contexto, la economía circular surge inspirada en la lógica cíclica de la naturaleza, enfocada en la reducción, reutilización, recuperación y reciclaje de materiales y energía. El concepto asocia una mejor gestión de los recursos naturales con un desarrollo económico que requiere no solo cerrar los ciclos, mediante el aprovechamiento de residuos y recursos, sino también reducir la velocidad de los ciclos de los materiales, desarrollando productos reutilizables y duraderos. En líneas generales, se trata de un concepto que utiliza un enfoque sistémico para mantener el flujo circular de los recursos mediante la adición, retención y regeneración de su valor, contribuyendo así al desarrollo sostenible.








