
Una de las cosas que más me llama la atención cuando visito grandes ciudades en otros países, ya sean capitales europeas o vecinas aquí en América del Sur, es la ocupación de los espacios públicos por parte de las personas.
Y no me refiro solo a parques o plazas. Ya sea en Buenos Aires, Santiago, París o Ámsterdam, por ejemplo, al menos en los días soleados, casi cualquier jardín o césped es ocupado por la gente: niños y niñas corriendo y jugando, personas de pícnic o jóvenes leyendo recostados al sol.






