
“No amures, no more; o la ciudad muere”. Descubrí este poema en un afiche callejero solitario pegado en uno de los infinitos muros que hacen de la ciudad de São Paulo un lugar peor para vivir. Confieso que cada vez que llevo a mi hijo menor a vacunarse a la UBS de Vila Romana, pienso que sería genial tener un aerosol de pintura para pintar el poema en los muros de uno de los condominios de edificios construidos recientemente allí enfrente, el cual ocupa casi una manzana entera del barrio.








