
La obsesión de Buckminster Fuller por las formas geodésicas las inscribió en la historia de la arquitectura. La apariencia esférica y el complejo entramado estructural foram objeto de diversas apropiaciones y escalas a lo largo de los años, y una de las obras más icônicas es la Biosfera de Montreal, el pabellón de los Estados Unidos para la Exposición Mundial de 1967, diseñado por el propio arquitecto. Estas estructuras surgieron de su interés en la eficiencia material, la integridad estructural y la modularidad, aspectos que, ya en la década de 1960, el arquitecto entendía como primordiales para lo que se esperaba de una intervención sostenible y fácilmente replicable.












