
En la película Aquarius, del director Kleber Mendonça Filho, el personaje de Clara, interpretado por Sônia Braga, se niega a vender su departamento —ubicado en un condominio— a una empresa desarrolladora. Sus vecinos del edificio, en cambio, aceptan la oferta. En un artículo para el Estadão, el economista Pedro Fernando Nery retrata el caso bajo una óptica opuesta a la narrativa cinematográfica: Clara, en lugar de ser la heroína que resiste al capital inmobiliario sin escrúpulos ni respeto por el paisaje costero de Recife, es, en realidad, la villana.
Al frenar el redesarrollo del pequeño edificio de 18 unidades para dar paso a una torre con mayor cantidad de departamentos y superficie, ella estaría impidiendo el incremento de la oferta inmobiliaria en una zona bien ubicada de la ciudad, empujando a potenciales residentes a ubicaciones más lejanas.




