
Los debates en torno a la forma arquitectónica demuestran cómo la discapacidad está plasmada de manera negativa en el campo de la arquitectura. En la teoría y la historia de la arquitectura, la «forma» suele referirse a la esencia física y la configuración de una obra. Bajo la concepción moderna de la forma, esta es una cualidad que surge de la actividad del diseño y que se transmite a la percepción de quien observa la arquitectura. La forma vincula las creaciones físicas de los y las arquitectas con la recepción estética de estas obras. Ocupa un lugar central en la comprensión general de la disciplina: la idea de los y las arquitectas como «creadores de formas», entre muchas otras expresiones, transmite la noción de una actividad fundamental y del papel estético de la forma en la arquitectura: aquello que se crea y cómo la sociedad percibe las obras arquitectónicas.
Los textos recientes sobre discapacidad y forma arquitectónica se centran en cómo un edificio resulta alienante para las personas con discapacidad al estetizar su inaccesibilidad. Quienes critican el Vessel de Thomas Heatherwick o la Biblioteca de Hunters Point de Steven Holl Architects desaprueban estas obras porque expresan sus elementos inaccesibles (en ambos casos, escaleras) como aspectos centrales de su significado formal. Por el contrario, quienes defienden los derechos de las personas con discapacidad en la arquitectura elogian edificios como el Ed Roberts Campus en Berkeley, California, de Leddy Maytum Stacy Architects, o la Maison Bordeaux de OMA en Burdeos, Francia. Estos edificios estetizan las herramientas de accesibilidad para convertirlas en poderosas declaraciones visuales.
Estos ejemplos sugieren que la forma posee cualidades evidentes por sí mismas y relaciones directas con las personas con discapacidad. Cabe suponer que el Vessel resulta alienante para alguien como yo, con una amputación, porque su forma consiste en escaleras monumentales interconectadas, mientras que el Ed Roberts Campus reivindica las experiencias de la discapacidad porque su atrio alberga una herramienta y símbolo visualmente imponente de accesibilidad arquitectónica: una enorme rampa roja. Esta manera de pensar la forma y la deficiencia puede compararse con los textos de finales del siglo XIX y principios del XX sobre la estética de la forma. Estos últimos escritos demuestran que el concepto de forma encierra ideas más perjudiciales sobre las capacidades humanas y su relación con la arquitectura; nociones que no pueden abordarse únicamente mediante el concepto de accesibilidad.
