
La ciudad compacta se refiere al modelo urbano asociado a una ocupación más densa con la consecuente superposición de usos (viviendas, comercios y servicios) y el fomento de la movilidad de peatones, ciclistas y personas usuarias del transporte público. Ámsterdam y Copenhague son ejemplos conocidos de este modelo.
A diferencia de la ciudad dispersa, la compacta presenta algunas características distintivas, además de la alta densidad y los proyectos de uso mixto, como: un desarrollo urbano continuo y contenido, delimitado por límites legibles; una alta accesibilidad local y regional; diversas centralidades; redes de infraestructura más acotadas (agua, luz, saneamiento); y un mayor control en cuanto a la fiscalización gubernamental, entre otros.




