
Desde el surgimiento de la profesión del diseño, impulsada durante la Revolución Industrial por la creciente producción de objetos y el anhelo de una clase media ávida de consumo, quienes se dedican al diseño, la decoración y la arquitectura han sido reconocidos como profesionales que crean espacios y productos para embellecer el mundo.
El origen de la clase media —término registrado alrededor de 1745 en Irlanda (Bryson, Bill: Breve historia de la vida doméstica) y que designaba a comerciantes, banqueros, editores, profesionales de la abogacía y otras personas dotadas de espíritu creativo— también introdujo nuevos niveles de demanda en la sociedad. Estas personas ansiaban y buscaban innovación doméstica y decoración, además de objetos deseables para llenar sus hogares. De pronto, elementos como alfombras y espejos, que rara vez se encontraban antes de 1750, se volvieron comunes.








