
Desde el higienismo de principios del siglo XX hasta la macroplanificación de la urbanización en la década de 1970, el modelo de urbe apuntaba a la apertura de anchas avenidas que articularan los barrios (el centro y sus extensiones) a través de los medios de transporte motorizados: la ciudad sobre ruedas. Este modelo de urbanización norteamericano, replicado por las ciudades brasileñas, privilegia la verticalización de las edificaciones y el transporte individual en detrimento del transporte colectivo.
Aunque todavía persiste, esta mentalidad basada en infraestructuras viales capaces de soportar cada vez más automóviles difiere de lo que ocurre en sistemas considerados exitosos, como los de Ámsterdam, Barcelona, Bogotá y Curitiba. En ellos prevalece la intermodalidad del transporte, que consiste en un sistema intercambiable entre medios no motorizados y colectivos.






