
Frente a edificios acristalados en todas sus fachadas y espacios con una iluminación tan intensa como monótona, no sorprende que anhelemos refugios interiores y exteriores menos luminosos. Los sitios con sombras que protegen del sol deslumbrante, los ambientes de luz tenue y los contrastes estimulantes actúan sobre la vista como un oasis de alivio. El elevado consumo energético y la contaminación lumínica, en constante aumento a escala global, evidencian la gravedad del exceso de luz y su alarmante contribución al cambio climático. Con miras a un futuro mejor, resulta imperativo explorar formas de diseñar y priorizar el uso de la oscuridad.










