
Tras el periodo de la revolución industrial, muchas ciudades europeas experimentaron un crecimiento acelerado, intensificado por el desplazamiento de las personas del campo a los centros urbanos en busca de mejores oportunidades.
Sin embargo, si bien por un lado las ciudades se volvían cada vez más atractivas, también se intensificaron problemas como la contaminación y el crecimiento de los asentamientos irregulares. Por otra parte, si bien el campo permitía un estrecho contacto con la naturaleza y una abundancia de recursos naturales, también padecía cierto aislamiento y una disminución de las oportunidades de empleo.






