
En Mendoza, Argentina, el laboratorio de investigación en fabricación digital Nodo 39 FabLab creó una estructura-bastidor para telar hecha de madera cortada digitalmente con guías y muescas para facilitar el proceso de tejido y composición iconográfica de las comunidades indígenas de la región central del país. En el interior de Ceará, Brasil, a través de una investigación titulada “Artificies Digitais” de la Universidad Federal del estado, se utilizaron herramientas de fabricación digital, específicamente la impresión 3D, para obtener modelos digitales de las partes dañadas del retablo del altar mayor de la Iglesia Matriz de la ciudad de Russas, lo que permitió producir prótesis digitales para su restauración.
Estos son solo dos ejemplos de una infinidad de iniciativas que han surgido en el intento de combinar las técnicas artesanales con la tecnología digital. Este movimiento parece evidenciar la extraña contradicción que existe hoy en día en el mundo (y en la arquitectura). A medida que las herramientas digitales vuelven todo más accesible y homogéneo, se mantiene el deseo inherente de expresar cualidades únicas para cada lugar, cada comunidad y cada profesional de la arquitectura. En este sentido, la conexión entre estos dos mundos, el digital y el vernáculo, parece emerger como una alternativa entre la reproducción sistemática y la identidad única de cada creación.











