
Un número creciente de teóricos/as y profesionales debate sobre el impacto del género y la raza en la profesión y en la teoría de la arquitectura. Sin embargo, las cuestiones vinculadas a la relación entre el entorno construido, la orientación sexual y la identidad de género siguen estando particularmente poco estudiadas, quizá debido a su relativa invisibilidad y a consecuencias discriminatorias menos identificables de forma clara; además, la teoría del diseño en el mundo francófono las ignora por completo. Este artículo corrige en parte dicha situación.
Si la orientación es una cuestión de cómo residimos en el espacio, entonces la orientación sexual también puede ser una cuestión de residencia, de cómo habitamos espacios, y con quién o con qué los habitamos. - Sara Ahmed¹
Desde hace algunas décadas, un número creciente de teóricos/as y profesionales debate el impacto del género y la raza en la profesión y el estudio de la arquitectura, incluida la discriminación basada en estas consideraciones de identidad, el famoso "techo de cristal" (Berkeley y McQuaid; Scott Brown; Vytlacil; Travis; Ahrentzen y Anthony; Frederickson; Groat; Ahrentzen, 1996; Grant; Adams y Tancred; Anthony; Ahrentzen, 2003; Gürel y Anthony). No obstante, como señalan Sharon Haar y Christopher Reed (1996: 270), el conservadurismo de la profesión hizo que estas cuestiones fueran abordadas muy tarde por los/las arquitectos/as, cuando ya eran centrales para el posmodernismo en el resto de la sociedad. Estos avances siguen siendo muy escasos en la arquitectura y, como destaca Beatriz Preciado, "los arquitectos han continuado en estos últimos 20 años ignorando las transformaciones epistemológicas y el giro crítico que ocurre en los movimientos de liberación contemporáneos queer, transgénero y crip, y [...] han actuado como si la transformación continua de la política sexual y somática fuera solo un pequeño detalle dentro de un nuevo pico de producción arquitectónica a escala global". Las cuestiones vinculadas a las relaciones entre el entorno construido y la orientación sexual y la identidad de género siguen, por tanto, poco estudiadas, quizá debido a su relativa invisibilidad y a consecuencias discriminatorias menos evidentes de identificar, a pesar de que la arquitectura representa una fuerza importante en la construcción y la performance del género (Adams, 2010b:82). El auge de las políticas de identidad y el posterior desarrollo de la teoría queer, sin embargo, influyeron en las investigaciones relacionadas con la intersección de la sexualidad y el entorno construido. No obstante, estas investigaciones han sido completamente ignoradas por la teoría del diseño de interiores y de la arquitectura francófona. Este artículo permitirá demostrar que el potencial de estas investigaciones aún está por explorar, tanto en la enseñanza y el estudio como en el proyecto del entorno construido.
