
La construcción de calles a lo largo del siglo XX se basó principalmente en la premisa de que una mayor infraestructura facilita el tránsito. Sin embargo, la evidencia demuestra que, en lugar de reducir la congestión, construir más calles en realidad incrementa el tráfico. Al reducir el tiempo de los traslados en automóvil, aumenta la conveniencia; en consecuencia, junto con el atractivo del vehículo particular como indicador de riqueza y estatus social, las personas tienden a realizar más viajes en auto. Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Barcelona analizó datos de 545 ciudades europeas entre 1985 e 2005, y confirmó que los esfuerzos realizados a lo largo de esas dos décadas para ampliar la capacidad vial provocaron un aumento del tráfico vehicular, en lugar de una reducción, y las congestiones no disminuyeron.
Un efecto contrario a la generación de tráfico es el fenómeno denominado “evaporación del tráfico”: el tránsito que desaparece cuando el espacio vial se redistribuye de los vehículos particulares a modos de transporte más sostenibles, como caminar, andar en bicicleta y el transporte público. Aunque la evaporación del tráfico se ha estudiado y documentado ampliamente desde hace más de 20 años, la mayoría de quienes toman decisiones y de los líderes de opinión aún sostienen la creencia de que reduzir los carriles de circulación empeora el tránsito.



