
Para llegar a los modelos que conocemos hoy en día, las bañeras han adoptado innumerables formas. Desde los baños públicos griegos, pasando por los ofuros zen japoneses y las bañeras de hierro fundido del siglo XVIII, hasta llegar a los sofisticados sistemas de hidromasaje, estos elementos se han moldeado y reinventado a lo largo de los siglos, perdurando en la historia. Sin embargo, independientemente de la cultura o la época, siempre están asociados a espacios de purificación del cuerpo y de la mente, propiciando momentos de relajación e introspección.
Con este propósito, al diseñar espacios con bañeras, se hace evidente una constante inclinación hacia elementos naturales como la vegetación, la luz solar y los materiales en bruto. La propia relación con el exterior a menudo se ve potenciada por la estudiada ubicación de las bañeras, que suelen disponerse de manera que enmarquen una vista específica, sobre todo en espacios generosos que evocan el glamour clásico de un baño de inmersión. En estos casos, las bañeras exentas, tratadas como objetos de diseño, se combinan con texturas y colores intensos, aportando un toque de personalidad y contemporaneidad a lo que de otro modo sería un ambiente clásico.





















