
Este artículo fue publicado originalmente en Common Edge
Me cansa que las revistas de diseño y las empresas de pintura intenten venderme colores "neutros" y apagados. Aseguran que ”el beige está de vuelta,” y que existe una elegancia histórica y un efecto calmante en los tonos blanco roto monocromáticos. No compro ese argumento. Un enfoque minimalista del color en los edificios e interiores modernos no me relaja, sino que me adormece. Y cuando despierto, me enojo. La noción histórica de que los templos grecorromanos blanqueados representan la belleza es un mito. En la antigüedad, nunca se concibieron estructuras, interiores ni ornamentos sin color. Su arquitectura era vividamente policromática.






