
Entre 1928 y 1930, en la ciudad de Praga, capital de la entonces Checoslovaquia, Adolf Loos, en colaboración con Karel Lhota, diseñó una de sus obras más influyentes: la Villa Müller. La casa se convirtió no solo en un hito en la trayectoria de Loos y en la historia de la arquitectura, sino también en un símbolo de la expresión del Raumplan, caracterizado por Loos como una secuencia de espacios que, en diferentes niveles y con variadas alturas, se relacionan e interactúan entre sí.
Dicho de otro modo, el Raumplan es una forma de diseñar a partir del espacio tridimensional, pensando de qué manera los distintos niveles, así como las diferentes alturas de los ambientes, pueden dialogar para crear atmósferas diversas, que no están cerradas en sí mismas, sino interrelacionadas.
Según Loos, la Villa Müller fue el proyecto en el que pudo materializar de mejor manera la interacción y la austeridad espacial contenida en el Raumplan. El concepto se contraponía a la linealidad de los planos y ofreció una nueva percepción en relación con los límites entre los espacios internos de la edificación, permitiendo así una mayor conectividad entre ellos.








