
La huella de carbono (carbon footprint) puede definirse como la cuantificación, normalmente en kilogramos (kg) o toneladas (t), de las emisiones (y absorciones) de diferentes gases de efecto invernadero (GEI) en el ciclo de vida de un producto, proceso o servicio. Existen diversos GEI, de los cuales los más importantes en términos de contribución al calentamiento global y al cambio climático son: el dióxido de carbono (CO2), el (CH4) y el óxido nitroso (N2O).
De esta manera, la huella de carbono es una metodología internacionalmente aceptada que ya cuenta con una norma internacional, por ejemplo, la ISO 14067 (2018). Se realiza con base en la metodología del Análisis de Ciclo de Vida (ACV), la cual sirve para cuantificar los impactos ambientales potenciales desde la extracción, el uso y el fin de vida de un producto, proceso o servicio. El ciclo de vida de una edificación o de un producto de construcción involucra normalmente las siguientes etapas: producción de materias primas, transporte, construcción (ejecución), uso (operación y mantenimiento) y fin de vida.







