
La educación en arquitectura sigue viviendo en gran medida a mediados del siglo XX, donde el modelo de taller es a la vez maravilloso, limitado y plenamente vigente. A los y las estudiantes se les ofrecen dos pedagogías contrapuestas: o bien recibir una formación en bellas artes, o bien someterse al régimen de una escuela de oficios glorificada para convertirse en tecnócratas. La inteligencia artificial (IA) podría acabar con la arquitectura como carrera para quienes no dominen aquello que solo los seres humanos pueden hacer: sintetizar, canalizar, inventar y crear con maestría. Más allá de la imitación. Por su nueva naturaleza, la arquitectura podría estar volviéndose inhumana.








